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Slow Food

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Autor: Leonardo González Ramírez

Hablemos de un manifiesto que promueve el consumo de alimentos de proximidad por dos razones principales: para reducir la enorme huella ecológica que conlleva el transporte de materias primas a miles de kilómetros y para incentivar la gastronomía local y evitar así la extinción de determinadas especies vegetales que dejan de emplearse por la invasión de productos extranjeros (o incluso rescatando platos típicos de las regiones que morían ante el peso de la comida rápida).

La filosofía Slow Food

slow food

slow food; uno de los objetivos es apoyar el trabajo de los productores  y artesanos locales.

Vayamos a los inicios. Todo empezó con el movimiento Slow Food, que ha devenido en una asociación global que defiende la cocina localista. Como vemos, el término y el concepto es totalmente opuesto al de Fast Food, el modelo gastronómico que ha ganado terreno vertiginosamente en todo el mundo en los últimos años: comida procedente de países lejanos, habitualmente modificada genéticamente, congelada, con una calidad cuestionable, con una preparación de escasos minutos y a la que se acompaña de salsas abundantes para ocultar su verdadero sabor.

Pues bien, Slow Food nació el año 1986 en Italia, de la mano de Carlo Petrini. Apuesta por adecuar la cocina a los ingredientes próximos. Esa es la clave: adecuarse. No es el planeta el que debe amoldarse a nuestros gustos: “ahora me apetece una fruta china” o “mañana quiero leche canadiense”. Más bien debería ser al revés: que nosotros, los consumidores, nos adecuemos a los productos que ofrece nuestra tierra y también adecuarnos a los productos de temporada. Vaya, como hacía el ser humano hasta hace unos años. Dicho en otras palabras: Slow Food pretende evitar que la globalización elimine las estaciones del año. Otra clave fundamental: apoyar el trabajo de los productores y artesanos locales.

Esta nueva forma de cocinar atrae a muchas personas y también a muchos chefs, que han apostado en sus restaurantes por ofrecer platos acordes con la filosofía Slow Food. Si lo desean, pueden optar a conseguir un sello que certifica que un determinado plato se adapta a las exigencias del “Km 0” e indicarlo en la carta del restaurante. En la página de Slow Food se puede consultar la lista completa de los cocineros que se han adherido a esta filosofía, aunque hay muchos otros que también la practican aunque no hayan solicitado del certificado, como el restaurante Lacalle de Aranjuez, cuyo chef aprovecha su profesión para investigar nuevas especies vegetales para cocinar y rescatar del olvido algunas que el paso del tiempo ha borrado de los fogones.

¿Cuáles son los requisitos para ser un restaurante de Slow Food?

Debe tener al menos cinco platos “Km 0”, separar adecuadamente los residuos que genere para un posterior reciclaje y que el chef (como mínimo) sea socio de Slow Food.

Apoyemos este modelo #km0, la Baja tiene todo para logarlo.

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